Reflexiones

Momentos en blanco y negro

Hay momentos en la vida, en los que extrañas tanto a alguien, que quisieras sacarle de tus sueños y abrazarle.

Sueña lo que tú quieras soñar; ve a donde tú quieras ir; sé lo que tú quieras ser, porque sólo tienes una vida y una oportunidad, para hacer todas las cosas que quieres hacer.

Que tengas…

Suficiente felicidad para que seas dulce, suficientes pruebas para que seas fuerte, suficiente dolor para que sigas siendo un ser humano, suficiente esperanza para que seas feliz.

Siempre ponte en el lugar de los demás. Si te duele, muy probablemente le duela también a la otra persona.

La gente más feliz, no necesariamente tiene lo mejor de todo; simplemente disfrutan al máximo de todo lo que está en su camino.

La felicidad aguarda a quienes lloran, a quienes sufren, a quienes han buscado, a quienes se han esforzado, porque sólo esas personas pueden apreciar la importancia de quienes han dejado huella en sus vidas.

El amor nace con una sonrisa, crece con un beso y acaba con una lágrima.

El futuro más brillante siempre se basará en un pasado que se olvida, porque no te irá bien en la vida, hasta que dejes atrás tus fracasos y tus penas.

Cuando naciste, estabas llorando y todos a tu alrededor estaban sonriendo.

Vive tu vida de manera que cuando llegue la hora de tu muerte, tú estés sonriendo y los que te rodeen estén llorando.

Que Dios te tenga en la palma de su mano y que los Ángeles te cuiden siempre.

“La Muerte y el Ajedrez por la vida…”

Todo tiene su tiempo, y todo tiene su hora. Tiempo de nacer, tiempo de vivir y hora de morir.

                                      Eclesiastes 3:1-2

ÁMENSE EN SU TIEMPO DE VIVIR …

Era una noche oscura y fría. Daniel bebía un café sentado en su sillón favorito en la sala de estudio de su casa. Su familia dormía, mientras él reflexionaba sobre muchas cosas, tantas, que perdió la noción del tiempo. Eran las tres de la mañana, llevó su taza vacía al lavaplatos, y abrió el refrigerador para prepararse  algo de comer.

Cuando cerró la puerta, vio junto a él a una figura muy conocida, pero nada apreciada…era la muerte!!

La espectral imagen le arrebató el sueño en un instante, lo miró fijamente y le dijo con voz tenue: ¿Sabes a que he venido?

El asintió con la cabeza y dijo: Sí, lo sé, ya es mi hora.

Confundida, la muerte preguntó a su víctima: ¿No vas a llorar? ¡Todos lo hacen! se arrodillan, suplican, juran que serán mejores, ruegan por otra oportunidad; mientras que tú, aceptas mi llegada con resignación.

Temeroso aun y con un nudo en la garganta, Daniel respondió: ¿De qué serviría? Nunca me darás otra oportunidad, tú solo haces tu trabajo.

- Tienes razón, yo solo hago mi trabajo.

¿Puedo despedirme de mi familia? preguntó Daniel con la ligera esperanza de recibir un sí.

- Tú has dicho que solo hago mi trabajo, yo no decido la hora ni el lugar, mucho menos los detalles. 

Lo siento… dijo Daniel.

- No tienes que disculparte, poca gente piensa en su familia mientras está en vida pero al llegar este momento, todos piden lo mismo.

No lo entiendes, dijo Daniel con tono de reproche, yo perdí a mi padre cuando tenia 15 años, y mi sufrimiento fue grande… pero mi hija menor tiene tan solo 4, déjame decirle que la amo.

- Tuviste 4 años para decírselo, tuviste muchos días libres, muchos cumpleaños, fiestas, y otros momentos en que pudiste decirle a tu hija que la amas … pero ¿Por qué solo pensaste en tu hija?

Mi hijo mayor no me creería, y mi esposa, bueno … a ella no creo que le interese si la amo o no. Nos hemos distanciado mucho. Pero mi niña, no hay día que entre por la puerta y no esté ahí para recibirme con un beso.

- Deja de hablar, se hace tarde,  -lo interrumpió la Muerte-, pero … está bien ¿sabes? este momento hace que mucha gente haga conciencia de cómo vivió su vida. Lástima que lo hagan demasiado tarde.

Ambos salieron de la casa, un extraño tren aguardaba en la calle y lo abordaron.

-No todo es aburrido en el estado de  muerte, no puedo decirte lo que pasará al llegar, pero te propongo que juguemos una partida de Ajedrez “para matar el tiempo”.

Con sonrisa, y una lágrima Daniel le dijo: ¡que curioso! creí que no tenías sentido del humor…

El juego se inició. Daniel no se calmaba aunque comenzó ganando, consiguió un alfil y un caballo. Pero era obvio que eso no lo alegraba.

La Muerte le preguntó ¿A qué te dedicabas en vida?

Soy … es decir, era, un simple empleado en una fábrica de calzado.

- ¿Obrero?

No, trabajaba en la administración.

- Ah … Supongo que te encargabas de ver si faltaba algún producto, o dinero.

Sí, en parte así era.

- Hay algo que no entiendo …

¿Qué es lo que no entiendes?

- ¿Por qué ustedes teniendo tantas cosas buenas por hacer, se encierran en el trabajo, se olvidan de los sentimientos, no les importan los demás, se vuelven egoístas y violentos, pero cuando los visito yo, demuestran ternura, humildad, tristeza, miedo, e incluso lloran? ¿Por qué esperan a que llegue yo, si ya nada podrán hacer?

No lo sé, respondió Daniel…

En cambio, yo soy un simple “peón”, haciendo lo que debo hacer y nada más. Mientras ustedes son dueños de su propia vida, capaces de decidir qué harán con ella ¿y para qué? si su decisión más común es desperdiciarla viviendo sin manifestar cariño y amor…

Te creí más cruel, comentó Daniel.  ¡Nada es lo que parece!

El silencio reinó por unos instantes mientras Daniel ponía en jaque a la muerte.

- Dime … ¿qué pensabas cuando te casaste?

Pensaba en ser feliz, en formar una linda familia, en formar parte de la alta sociedad.

- Y… ¿ lo lograste?

Es broma ¿verdad? Me encontraste solo en la cocina, durante la madrugada, y te pedí despedirme de mi hija. Es obvio que no lo hice. Si hubiese mostrado más amor a mi familia, la solicitud de despedirme no hubiera sido necesaria.

Ya las lágrimas se habían secado del rostro de Daniel y de pronto exclamó suavemente ¡Jaque Mate!

La muerte sonrió y dijo: ¡Felicidades!

Daniel suspiró y respondió: Es una pena que no sirva de nada. No me importaba ganar, de todos modos ya estoy aquí … Un simple juego de ajedrez no aleja mi mente de mi familia, mis hijos, mi esposa…

Las lágrimas brotaron de nuevo en el rostro de Daniel y se lo cubrió con ambas manos. Mientras él sollozaba, la Muerte exclamó:  ¡llegamos!

Daniel intentó calmarse, pero al abrir los ojos estaba de nuevo en su viejo sillón. Eran las 6:45 de la mañana, y en lugar de gritar ¡ESTOY VIVO! Como lo haría cualquier otro, salió al patio y dijo con voz tenue: GRACIAS, DIOS MÍO …

Luego, entró a la habitación de su hija y la besó, a la de su esposa e hizo lo mismo. Entró al cuarto donde dormía su hijo mayor, le hizo cosquillas en los pies, y le dijo: hijo, despierta ¡es domingo!

-¿papá, me despiertas para decirme que es domingo?

No hijito, no dormí, los desperté para decirles que los amo !!

- ya viejo, ven, échate un rato a mi lado.

Y luego de años, ambos se durmieron abrazados …

No juguemos ese ajedrez, abracémonos ahora…

Aquí tienen reloj, Allí tenemos tiempo

Entrevista a un tuareg realizada por VÍCTOR M. AMELA a:

MOUSSA AG ASSARID.

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…

Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg.. Soy musulmán, sin fanatismo

- ¡Qué turbante tan hermoso…!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando através de ella.

- Es de un azul bellísimo…

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales.. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre…. Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho.. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

- Saber eso es valioso, sin duda…

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros… Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar frente a su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito.. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad. ..!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miran la tele.

- Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

- Tienen de todo, pero no les basta. Se quejan.. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Se encadenan de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto..

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…

- Fascinante, desde luego…

- Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…

- Qué paz…

- Aquí tienen reloj, allí tenemos tiempo

Lo que necesitamos para iniciar cada día…

UNA GOMA, para borrar de nuestra historia todo lo que nos hace daño.

UN JABÓN, para quitar todo rastro de las máscaras que usamos a diario.

 

 

 

 

 

 

 

 

UNAS TIJERAS, para cortar todo aquello que nos impide crecer.

UN PÁJARO, para que nos enseñe a volar alto y cantar con libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA TINAJA, para añejar el cariño y la madurez del amor.

UN FRASCO TRANSPARENTE, para conservar las sonrisas y sin tapa para escuchar su alegre sonido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNOS LENTES, correctores de la visión de la vida, que nos permitan observar con amor al prójimo y a la naturaleza.

UNA ARDILLA, que nos indique como trepar por las ramas del árbol de la sabiduría.

UNAS AGUJAS GRANDES, para tejer sueños e ilusiones.

UN COFRE, para guardar todos los recuerdos que construyen y dan vida.

 

UN CIERRE, que permita abrir la mente cuando se desee encontrar respuestas, otro para cerrar nuestra boca cuando sea necesario y otro para abrir nuestro corazón.

 

UN RELOJ, para darle todo el tiempo al amor y al amar.

UN REBOBINADOR DE PELÍCULAS, para recordar los momentos más felices en nuestras vidas.

UNOS ZAPATOS, de la ética y la moral,  para pisar firme y seguro por donde quiera que vamos.

UNA BALANZA, para pesar todo lo vivido y todo lo experimentado.

 

UN ESPEJO, para admirar a la persona que vale mucho…